Un registro de campo de 41 páginas sobre el cánido que camina erguido: los avistamientos, los testigos y el patrón que los une — de Corrientes a la Patagonia, del Chaco a Galicia.
«No me persiguió. Solo me miró irme, como si me dejara.»
Del códice · La AlcantarillaAquí lo llaman lobizón; los guaraníes dicen luisón; en Galicia lo llaman lobishome. Nombres distintos, siglos distintos, países distintos — y la misma figura alta, erguida y de hocico largo al borde de los árboles.
El códice reúne años de trabajo de un aficionado obstinado: correos, llamadas, entrevistas repetidas hasta tener el relato entero. Cada expediente se ciñe a lo que dijo el testigo, señala qué se pudo comprobar — y qué no.
«No voy a decirle que esta gente vio un monstruo, ni voy a decirle que no lo vio. Lea los relatos como relatos, y júzguelos usted mismo.»
Repartidores, puesteros, pastores, cazadores, operarios — gente con un trabajo que perder y sin motivo para inventarse una historia que sobre todo los deja en ridículo. Sus relatos coinciden en detalles que no tenían cómo acordar.
El índice real de la primera edición — 41 páginas, de «Léase Primero» a «Lo Que Pienso»:
Del cinocéfalo medieval al lobishome gallego y al séptimo hijo del Río de la Plata: por qué la descripción es tan estable a través de siglos y océanos.
Los detalles en los que coinciden personas que nunca compararon notas — antes de entrar a los expedientes.
Nueve testimonios completos: La Alcantarilla, El Puesto, El Urutaú, La Cumbre, El Rebaño, La Subestación, El Camino de la Cantera, La Picada y El Linde.
Tamaño, cabeza y ojos, pelaje y olor — y lo que se siente antes de verlo, relato tras relato.
Monte cerrado, agua corriente y un borde humano: el escenario que se repite en el mapa de relatos.
El Litoral y la Mesopotamia, la Patagonia y los Andes, el Chaco y la selva, Galicia y el norte de España.
Las reglas prácticas que se transmiten donde los relatos abundan: no buscarlo, no contestarle, dejarle su terreno.
Denuncias que se esfuman y la explicación de siempre — un patrón documentado, sin disfrazar la especulación de prueba.
Leer los avisos, los primeros instantes, lo que nunca hay que hacer. La regla más constante de todas: no corra.
Romasanta, el hombre lobo de Allariz · el séptimo hijo y la Ley 20.843 · El Familiar · El Luisón — con nombres, fechas y lugares.
Más la apertura «Léase Primero» y el cierre «Lo Que Pienso».
«Crecí con las historias del lobizón en Corrientes. Es la primera vez que alguien las junta y las trata en serio.»
Ramón G. · Argentina«"El Puesto" es el mejor relato de este tipo que leí en mi vida. Cuarenta años de trato con esa cosa. No me lo saco de la cabeza.»
Sofía M. · Uruguay«Mi abuela hablaba del lobishome y yo me reía. Después de la sección de Galicia, ya no me río.»
Xoán P. · España
El autor del códice es de España. Hace años cruzó el charco y desde entonces no ha dejado de recoger relatos del cánido que camina erguido — por los montes y los caminos de América y de su propia tierra.
No tiene credencial ni carné de prensa, y lo dice en la primera página. Lo que tiene es miles de horas frente a la pantalla, gasolina gastada en llegar a los sitios que la gente describe, y una lista — que crece despacio — de personas dispuestas a hablar. Este registro es la versión permanente de ese trabajo: la primera edición del libro del canal.
— El Códice del Lobizón
El códice hace lo que dice su primera página: reúne lo que contaron los testigos, tal como lo contaron, y señala qué pudo comprobarse y qué no. Los relatos se presentan como relatos; la creencia queda en manos del lector, que es exactamente donde debe estar.
Porque el códice no repite los videos. Es el registro completo: los nueve expedientes enteros, el retrato compuesto, el mapa de los relatos, las reglas de la gente del lugar y los casos con nombres y fechas que usted puede consultar. Un video se lo lleva el algoritmo; el registro se queda con usted.
Es el precio de lanzamiento de la primera edición digital. Cuando termine el lanzamiento, el códice vuelve a su precio normal de $25. Así de simple.
Es un PDF de 41 páginas, maquetado como un verdadero registro de campo. Lo descarga al instante después del pago y lo puede leer en el celular, la tablet o la computadora — o imprimirlo, que es como mejor se lee un expediente.
Sí. Toda la primera edición está escrita en español, de la primera página a la última.